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04-05-2010 |
Valiosa experiencia de dos niños tucumanos en París
El pianista Miguel Ángel Estrella destacó la reciente participación de una delegación provincial en un encuentro internacional.
“La
presencia en Paris de tantos niños del mundo, incluidos dos chicos tucumanos,
reunidos en torno al fútbol, la cultura y lo lúdico, junto con la solidaridad y
el respeto por la diversidad cultural, fue una iniciativa muy valiosa para la
sociedad en que vivimos”.
Con
estas palabras el pianista tucumano y embajador argentino ante la
UNESCO Miguel
Ángel Estrella acercó un balance sobre la celebración en la capital
francesa, en abril pasado, de la
Copa de la
Fraternidad, un encuentro del que
tomaron parte los niños Luis Córdoba
(La
Cocha) y Anabela Argañaraz (Simoca).
Según
el músico, los chicos tucumanos –a quienes acompañó una delegación encabezada
por el profesor Mauricio Guzmán,
titular del Ente Cultural de Tucumán,
institución que participó de la iniciativa- “no cesan de comentar entre ellos y
en su entorno la maravillosa experiencia que los unió, seguramente para
siempre, a niños de otras latitudes”.
“Lo
expresan –añade Estrella- con pasión, nostalgia y gratitud hacia La
Voz de la Infancia”
(La
Voix de
l’Enfant), organización no gubernamental francesa que montó el encuentro del
que también tomaron parte delegaciones de Senegal, Palestina, Brasil, Israel y
Rumania, entre otros países.
"Durante
una semana fuimos una gran familia", apuntó uno de los adultos acompañantes,
ya que los chicos “vivieron
el descubrimiento de culturas diferentes con una curiosidad, una alegría y una
espontaneidad que fueron creciendo a medida que pasaban los días, añadió
Estrella para puntualizar: “Los chicos de Noruega, por ejemplo (unos de los
últimos en llegar a causa del trastorno en el tráfico aéreo a raíz de la nube
volcánica de Islandia), estuvieron un poco tímidos y distantes el primer día;
pero más tarde se los podía ver jugando y riendo como si se conocieran desde
siempre con los niños de Senegal”.
Otro
punto que destacó Estrella fue “la impresión de los jóvenes de estar en una
ciudad como Paris, tan cosmopolita y diferente de lo que conocían. Se
conectaron con esa nueva cultura con la misma naturalidad e idéntica curiosidad
a la que tuvieron para con los demás chicos participantes del evento. Una de
las actividades preferidas fue la visita al parque de diversiones Asterix.
Después de ese paseo, uno de los niños relató con gran detalle a un adulto la
historia que había aprendido allí de Asterix
y Obelix, dos personajes tan propios de la cultura gala”.
Finalizó el concertista tucumano
afirmando que “la naturalidad con que los niños de culturas tan diferentes se
comunicaron -incluso a pesar del idioma- deja en claro lo valioso que es crecer
compartiendo, conociendo y respetando las diferencias. Todo esto fue potenciado
por el hecho de realizar actividades en conjunto. Durante el torneo de fútbol
se formaron equipos conformados cada uno por niños de diferentes delegaciones.
Se produjeron lazos muy fuertes entre quienes compartían el mismo equipo. El
día de la final se jugó un partido con los niños de Israel y Palestina en dos
equipos mezclados. En un momento del partido todos alrededor alentaban
‘¡Palestina, Israel, Palestina, Israel!".
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